martes, 5 de mayo de 2015

NO ME HAGA MÁS MIERDA. DESCENSO BRUSCO de JUAN GUINOT


Descenso brusco de Juan Guinot a las entrañas de Madriz.

            ¡Qué vivos son los argentinos, se dan cuenta de todo y por eso van dominar el mundo!
            Y no es por hacer mierda, irónicamente, sobre los orígenes del autor que nos ocupa, Juan Guinot, argentino, sino por aplaudir la aplastante lucidez con la que retrata aspectos de nuestra sociedad, la española, de absoluta y lamentable actualidad, como la corrupción, la crisis económica, etc.
            No. Al parafrasear las propias palabras del autor, o, mejor dicho, de su narrador-protagonista, queremos evidenciar que solo quienes han vivido idénticas o parecidas experiencias —las Historias de España y Argentina están salpicadas de paralelismos, a veces, inquietantes— pueden esbozar un cuadro de fondo tan realista como el que nos ofrece Juan Guinot en su Descenso brusco.
            Madrid, o mejor, Madriz —término que, todo sea dicho, en ningún momento acuña el autor en esta obra— es el escenario gris sobre el que desciende el protagonista de esta novela negra con tintes humorísticos absolutamente delirantes, también argentino —italo-argentino para ser más exactos— y que inicia un “despelote de cuatro días” a su regreso en avión desde Italia al aeropuerto de Barajas. Desde el instante en el que el avión toma tierra tras un agitado descenso sobre la capital española, una maraña de extrañas situaciones se encargan de alimentar su hiperactiva imaginación de escritor hasta el punto de que sus propias elucubraciones se convierten en autoflagelación, “me pregunto por qué no dejaré de joderme la vida”, y acabarán por sacudir su monótona vida de vendedor de resmas de papel y anónimo vecino de la plaza de la Luna.

            En otros términos, se podría decir que por activas y pasivas, la vida de Maladona, como es conocido por los comerciantes chinos de la zona, se ve bastardeada por el ir y venir de una serie de individuos, cuanto menos, de lo más sospechosos, un misterioso tipo —también italo-argentino— con poderes, una familia de rumanos con el don de la ubicuidad, una azafata estridente —quien lo diría—, y un señor de Vigo que comparten vuelo —y el infortunio de haber perdido sus equipajes, alguno de ellos de vital importancia y dudosa legalidad—, junto a prostitutas, camareros, yonquis, policías de todo pelaje, una compañera de piso neurótica y otro fumado, Mickey Mouse, Bob Esponja y Darth Vader en medio de una guerra y un papel —el de todos y cada unos de los personajes— nada estelar y sin más ambición, este último, que orinarse en todas las esquinas del casco antiguo de Madriz. Encuentros, desencuentros, apariencias, suspicacias, y un número in crescendo de sospechosos que rondan la existencia de nuestro protagonista “como si fuesen varias películas superpuestas”.
            Guinot, conduce los personajes y los tiempos, en los que el autor filtra la información necesaria para llegar a conclusiones plausibles como un vehículo que amaga y se niega a arrancar, de modo que el protagonista trata de “conectar algo, pero cada revelación produce más desconexiones…” manteniendo así la atención de los lectores de forma exasperante como impacientes conductores a la espera del ansiado final, con habilidad. Además maneja con soltura el espacio céntrico de una ciudad que representa, como capital y recuperando las palabras de la contra de esta edición, la expresión última de “un fresco de la España actual, que por momentos parece un boxeador casi noqueado por la crisis, pero cuando lo salva la campana, desde su rincón, todavía fanfarronea”. No obstante, Guinot no carga las tintas y evita caer de forma inteligente en un neocostumbrismo que pueda provocar rechazo en el lector, realismo sí, pero no sucio, y, sobre todo, una altísima dosis de humor que se gana al lector por ocurrente y vivaz, porque, con el argentino, no podríamos decir aquello que llega a decir su protagonista: “Sigo en huelga de risas”.
            En definitiva, y sin ánimo de haber desvelado demasiados detalles argumentales de este Descenso brusco, primera obra de la Colección Christie de novela negra de Cazador de Ratas Editorial, de Juan Guinot, como dato anecdótico, el único aspecto que creemos no se sostiene por inverosímil es que el protagonista encuentre taxi a la primera en el centro de Madrid. En esto, Juan Guinot nos tomó de pelotudos, y se quedó tan a gusto, tanto como los lectores que quieran acompañarlo en su Descenso brusco.

José Manuel Jaén Bernúz